No todo es peronismo en la Provincia

Gerardo Milman

POR GERARDO MILMAN DIPUTADO NACIONAL-CANDIDATO POR EL FRENTE PROGRESISTA CÍVICO Y SOCIAL DE LA PROV. DE BS. AS.

A pocos días de las elecciones subsiste una enorme confusión sobre lo que allí estará en juego. Los comicios se yerguen como un verdadero laberinto para la ciudadanía. Para comenzar, las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) que impulsó por ley el oficialismo no cumplirán su función original en la Provincia de Buenos Aires. El peronismo, en sus distintas versiones, se las ha ingeniado para esquivar el sentido elemental de la norma y competir por afuera presentando tres candidatos propios. Su preocupación principal consiste en quién sucederá a la Presidenta al frente del modelo y en qué retoques amables le harán al mismo. Maquillaje, nada más.

Para el electorado la confusión es grande porque mientras unos pretenden plebiscitar el modelo buscando prorrogar o ampliar su hegemonía, otros pretenden socavarla desde adentro proponiendo modificaciones “digeribles” al modelo para quedarse con el gobierno.

¿Y la ciudadanía? Bien, gracias.

En efecto, el Frente Renovador que encabeza Sergio Massa, es un tigre que hasta el día anterior al cierre de las listas aceptaba en su boleta cualquier raya. Coqueteó con todas las vertientes peronistas, incluidos Daniel Scioli, Mauricio Macri y Francisco de Narváez, y terminó sumando a un grupo que ya ha empezado a frotar sus manos ante la inexorable declinación de la Presidenta de cara al 2015. Nadie sabe si en caso de ganar sus diputados le serán fieles. Es probable que Massa no termine siendo en realidad el postkirchnerismo que vende sino su versión retro, es decir, una suerte de neomenemismo.

Francisco de Narváez, por su parte, ha decidido profundizar con aquello que la mayoría de los argentinos desacuerda: la confrontación. De Narváez perdió su gran oportunidad al asumir como diputado en 2009 y terminar haciendo lo que muy probablemente haga Sergio Massa: poco y nada. Ambos pueden resultar funcionales al oficialismo, experto en cooptar voluntades y en bloquear la actividad del Congreso con tal de mantener su hegemonía.

Lo que en realidad se juega en las próximas elecciones es la capacidad de reforzar y proyectar una alternativa opositora por la vía legislativa.

No elegiremos Presidente sino diputados y senadores.

Y si lo que los opositores pretenden es volver a un esquema de alternancia que termine con las aspiraciones eternas, ponga a los corruptos a disposición de la Justicia y reordene institucional y económicamente al país, habrá que saber romper el espejismo que proponen todas las vertientes filo o pro-oficialistas.

Habrá que expresar en las urnas que apostamos a punto y no a una banca acostumbrada alegremente a abrir siempre ventanillas nuevas. El electorado no debe caer en la trampa planteada por los que de una u otra forma no son más que sucursales de un modelo que plantea a la política como a una guerra y al estado y a la ciudadanía como su botín.

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